
Y ahí estoy yo. Detrás del mostrador, intentando escuchar atenta todas las instrucciones que me da mi nueva compañera. Mil cosas nuevas que debo memorizarme. Nuevas normas, nuevos jefes, nuevas frases hechas que aprenderse... Había olvidado lo que era hacer las cosas sin tener muy claro lo que estás haciendo pero haciendo ver que sabes perfectamente lo que haces... Me explico ¿no?
Una anciana me rompió el corazón el otro día. Elegantísima, frágil, lista para su época, pero obsoleta y perdida en este mundo tecnológico y deshumanizado que supone el mundo de las telecomunicaciones: "para consultar su factura pulse 1, para cambiar su tarifa pulse 2, para desesperarse pulse 3..." La voz metálica se interpone entre ella y la solución a su problema.
Te pierden, te desvían, te despistan, te obligan a perder la educación y finalmente la comunicación se corta, y nunca sabrás si te han colgado apropósito.
¿Cual es el mejor recurso del ser humano?


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